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sábado, 2 de octubre de 2010

Un tipo sobrio pero sensible

Fernando Gamboa es un persona seria y sobria, pero internamente el se describe: “Soy un tipo sensible, que me movilizo por el afecto y vivo a corazón abierto.” A su vez agrega: “Soy un ser humano frontal y honesto que detesta la mentira y la traición. Me considero una buena persona”, algo que se aprecia al ser querido por el ambiente del fútbol.
Gamboa cómo jugador se inició en el club Arteaguense, después pasó a Newell’s y jugó en River y Boca. Su paso del pequeño club de Arteaga a uno de los grandes de Rosario se dio a los 14 años, podría haber sido a los 13, pero por querer jugar un partido en la primera de su club de inicio le quebraron la tibia y el pase se demoró un año.
También estuvo en el fútbol español, donde mostró sus dotes cómo jugador y su carácter dentro y fuera de la cancha. Cuando estuvo en Oviedo le tocó disputar la promoción para no descender y se enteró que el dueño del club había vendido las acciones porque ya daba por perdido el partido. El equipo logró ganar, el Negro convirtió un gol y se salvaron de bajar a segunda. Cuando el dueño felicitó al plantel Gamboa le dijo que no merecía su respeto y esto le llevo a quedar libre.

El cambio de ser aquel gran defensor, líder dentro y fuera de la cancha y que hiciera la chilena para pasarle la pelota al arquero a ser entrenador no fue sencillo. Un jugador, que a pesar de su fortaleza física, nunca lesionó a nadie y que le gustan la estética en el fútbol, prioriza a los jugadores que dan el pase a los compañeros sobre los que la revientan.
En su etapa como entrenador siempre ha vestido de negro por que “el partido es un momento cúlmine de la semana, es como una gala”. Desde afuera se ve una gran fortaleza anímica, pero Gamboa dice todo lo contrario, comenta que es un tipo “muy pasional” y que cuando las cosas no le salen “canaliza todo con el llanto.” Para superar esta debilidad psicológica, el Negro tuvo que ir al psicólogo y los considera necesarios, al él lo ayudo mucho.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Schiavi y su infancia

Narigón, Naripeta o Alf eran los apodos para Rolando Schiavi en su Lincoln natal, todos vinculados al tamaño de su nariz, para él que lo llamen como quieran menos por su nombre de pila. Su vida como jugador no fue algo que el Flaco se imaginara, sino que debutó en la primera de Rivadavia y el técnico lo llevó a probar a Newell`s.

Schiavi de no haber sido futbolista probablemente habría seguido el oficio de su padre como carnicero, un trabajo que ya practicaba de chico. El mayor recuerdo que le queda de ese empleo, por lo menos físico, es una cicatriz en su mano izquierda que se la hizo pelando huesos, un tajo de seis centímetros.

La familia Schiavi está destinada para jugar al fondo de la cancha, él y sus tres hermanos juegan de defensores (solo uno profesionalmente), su padre era lateral derecho, según el Flaco muy rústico. “Los hijos no teníamos demasiadas alternativas, es una tema genético”, afirma el Narigón sobre el puesto en la cancha.

En Lincoln pasó momentos muy divertidos pero a su vez arriesgados como cuando iba a bailar a otro pueblo cercano y volvía manejando entre dormido y pisando la banquita. Este no fue el único riesgo en un medio de transporte que pasó el Flaco, sino también estuvo a punto de subirse a un avión cuando jugaba en el Gremio de Brasil que terminó estrellándose y murieron todos los tripulantes.

Schiavi también cuenta que de chico era mucho de pelear con los compañeros de colegio y con sus hermanos, cada vez que llegaban quejas a la casa su padre lo castigaba con el cinto. En el fútbol no fue tan distinto el hecho de chocar con rivales, en un partido con Newell`s le dijo “negro de mierda” a Ricardo Gómez de Gimnasia de Jujuy y el INADI lo denunció, tuvo que pedir disculpas públicas.








Cuando arrancó a jugar a los quince años ya era de los más altos, por eso dice que lo ponían de titular en Rivadavia de Lincoln. De no haber pegado el estirón a tiempo el Flaco no habría sido el excelente defensor central que es, haber ganado todo con Boca y vestido la camiseta de la Selección Nacional.

Algunos goles del Flaco (o de Alf):

jueves, 2 de septiembre de 2010

Para el retiro, regresó al país

Roberto Ayala, aquel elegante marcador central, que viajara a tres ediciones de la Copa Mundial de la FIFA, que se mantuviera 15 años en el fútbol europeo y también sea el capitán de a la Selección Argentina, incluyendo el oro olímpico en Atenas 2004, está terminando su carrera a los 37 años en el banco de suplentes de Racing.














Una familia numerosa, una hija de 20 años viviendo con la mamá en Paraná, que reconoce que les “faltado el día a día juntos”, y otros cuatro con su nueva pareja. El jugador reconoce que siempre le “encantó el fútbol argentino” y que constantemente quiso estar en el lugar donde tiene sus afectos.

Ayala pasó de formar una dupla central con su padre en San José por la Liga Diamantina a jugar en la Selección Nacional entre 1994 y 2007, gran parte de este tiempo siendo capitán y titular indiscutido. No solo ese es un gran cambio, sino también, ser nombrado el mejor defensor de la historia de Valencia en España, club donde jugó desde el 2000 al 2007.

El Ratón siempre estuvo muy agradecido a la posibilidad que le dio Racing de volver al país. Sus comentarios habituales sobre su regreso son: “Yo lo que quiero y deseo es que me vaya muy bien en Racing. Cuando se abrió la puerta de poder regresar al país, no lo dudé”.

La carrera futbolística va llegando a su fin, pero el Ratón no es un hombre que tenga decidido su retiro. Con muchas ganas de seguir teniendo posibilidades en la primera de Racing, cree que si tiene continuidad, está bien físicamente y tiene ganas de seguir, lo va hacer.



Ya con una carrera que impide criticas, Ayala tiene la chancee de terminar de jugar al fútbol en su país, cosa que él siempre quiso. En la selección Argentina no solo es el segundo jugador con más presencias, sino que también es admirado por los futuros marcadores centrales.

El regreso de Roberto Ayala al fútbol Argentino: